Llega diciembre, esa época del año en la que el corazón se ablanda, las luces brillan… y la billetera tiembla. Es el mes más esperado, y también el más peligroso, para el bolsillo. Las vitrinas parecen guiñar el ojo, las promociones susurran “llévame contigo”, y los aguinaldos se esfuman entre compras “inteligentes” que al final resultan ser el disfraz más elegante del gasto impulsivo.




